Un estudio ampelográfico del CSIC analiza al milímetro los relieves de la villa romana de Los Torrejones, confirmando que el artesano utilizó como modelo un sarmiento real de uva de vinificación estrechamente ligado a las descripciones históricas del «Monastrell verdadero».
La historia del vino en Yecla no solo está escrita en documentos antiguos o en la memoria de nuestros viticultores; también está cincelada en piedra y estuco. Uno de los mayores tesoros arqueológicos de nuestro patrimonio vitivinícola es el célebre friso de la Villa Romana de Los Torrejones (datado en torno al siglo IV d. C.), actualmente conservado en el Museo Arqueológico de Murcia.
Durante años, la extraordinaria calidad artística de los pámpanos, zarcillos y racimos tallados en este relieve despertó una gran pregunta entre historiadores, arqueólogos y amantes del vino: ¿Representó el artista romano una parra genérica con fines meramente decorativos, o copió una variedad de uva real que ya se cultivaba en los campos de Yecla hace 1.700 años?
Hoy, gracias a la ciencia ampelográfica, tenemos una respuesta mucho más precisa.
La alcaldesa Remedios Lajara dando a conocer el hallazgo ampelográfico en el Museo Arqueológico de Murcia (MAM).
Una investigación de primer nivel científico
El Grupo de Viticultura, Olivo y Rosa (VIOR) de la Misión Biológica de Galicia (MBG-CSIC), a través de sus investigadores M.ª del Carmen Martínez y José Luis Santiago Blanco, ha llevado a cabo el estudio titulado «Aproximación a la identidad varietal de la vid representada en el friso de la Villa Los Torrejones, conservado en el Museo Arqueológico de Murcia».
Al no poder extraer ADN de un relieve escultórico, los científicos del CSIC recurrieron a la ampelografía, la disciplina que estudia e identifica las variedades de vid mediante sus características morfológicas, y al análisis comparativo con los grandes tratados botánicos e históricos europeos de los siglos XVIII, XIX y principios del XX.
El proceso de descarte: un modelo real en época de vendimia
El primer gran hallazgo de los investigadores fue constatar la fidelidad botánica de la obra. A pesar de pequeños errores propios del trabajo escultórico, los detalles morfológicos indican que el autor utilizó como modelo un sarmiento real con hojas, zarcillos y racimos maduros, en época de vendimia.
A partir de ahí, el equipo del CSIC sometió las formas esculpidas en el friso a un proceso de comparación y descarte frente a 17 variedades históricas de vid, tanto de mesa como de vinificación, cuyo origen se atribuye al sureste de la península ibérica, entre ellas variedades antiguas documentadas como la Jamí.
El análisis morfológico apunta a que las uvas representadas corresponden a una variedad destinada a la elaboración de vino, y no a una variedad de mesa.
El vínculo con el «Monastrell verdadero» y el laberinto de las sinonimias
La conclusión más interesante del estudio llega al intentar identificar la cepa representada en el relieve mediante su comparación con los tratados clásicos.
La coincidencia histórica
Entre las 17 variedades estudiadas, la que presenta un mayor parecido morfológico con el friso de Los Torrejones es el Morrastell / Monastrell descrito por el botánico Simón de Rojas Clemente en 1807.
A su vez, los investigadores señalan que podría corresponderse con el que José Antonio Valcárcel describió en 1791 como «Monastrell verdadero», originario del antiguo Reino de Valencia, y que también guarda relación con el Morrastel representado en la obra francesa de Viala y Vermorel (1901-1910).
El matiz ampelográfico moderno
Con el rigor que caracteriza a la investigación científica, el estudio puntualiza que la hoja del relieve no coincide con el patrón oficial de la variedad Monastrell descrita en los catálogos modernos (Cabello et al., 2019).
Sin embargo, los investigadores recuerdan que a lo largo de los siglos han existido numerosas sinonimias y homonimias en torno a las denominaciones Monastrell, Morrastell y Morrastel, que han provocado confusiones históricas entre distintas variedades y biotipos levantinos, antes y después de la filoxera.
Por tanto, la investigación establece una estrecha relación morfológica con las descripciones históricas del «Monastrell verdadero», pero no demuestra una identidad genética con la Monastrell que cultivamos actualmente.
Un legado vivo en el paisaje de Yecla
El trabajo de M.ª del Carmen Martínez y José Luis Santiago Blanco (MBG-CSIC) representa una importante aportación al conocimiento de la historia vitivinícola de nuestra región.
El friso constituye un extraordinario testimonio de la importancia cultural de la vid en la Yecla romana. Su detallada representación de un sarmiento con racimos maduros refleja el conocimiento y la familiaridad de sus habitantes con el cultivo de la vid y el mundo del vino.
Pisar hoy un viñedo en Yecla y contemplar nuestras cepas es conectar con un paisaje cultural que lleva más de diecisiete siglos dando fruto.
La arqueología y la botánica nos ayudan a comprender mejor una tradición que sigue viva: en Yecla, el vino también es historia.







